11 ene. 2014

¿Es posible híperinmunizar a las poblaciones de conejos frente a la enfermedad hemorrágica?

por Carlos Calvete

Dado que los conejos jóvenes, de edad inferior a los tres meses, contraen la enfermedad hemorrágica pero se inmunizan y no la padecen en la fase adulta, sería lógico concentrar en esta baza cualquier estrategia de lucha contra la RHD en España. Se tendería así hacia un manejo menos intensivo de la especie: en lugar de erradicar la enfermedad, algo casi imposible, bastaría con mantenerla bajo control.


La enfermedad hemorrágica o RHD (por las siglas de Rabbit Haemorrhagic Disease) es uno de los principales factores de mortalidad en las poblaciones de conejo silvestre (Oryctolagus cuniculus). Desde su aparición en nuestro país a finales de los años ochenta, esta enfermedad vírica ha tenido un efecto dramático sobre el conejo y ha reducido de forma generalizada la otrora abundancia de la especie. Debido al importante papel que juega el conejo, la disminución de sus poblaciones ha tenido que constituir una profunda y grave disrupción en la dinámica de muchos ecosistemas. Dicha disrupción ha sido más patente al reducirse la disponibilidad del conejo como presa de algunos depredadores emblemáticos de nuestra fauna. Sin embargo, los conejos no sólo son relevantes como presa, sino que además, debido a su dieta herbívora, modulan también la estructura y la composición de la vegetación, al tiempo que las madrigueras que construyen sirven de refugio invernal o estival a una gran variedad de vertebrados e invertebrados. Por este motivo, a través de muchas y muy diferentes vías, el impacto de la reducción de las poblaciones de conejo habrá tenido y, probablemente tendrá a más largo plazo, otros efectos sobre los ecosistemas, además de la limitación de los recursos tróficos disponibles para los depredadores.

Desde el punto de vista cinegético, el conejo es una de las principales especies de caza menor, de manera que resulta obvia la distorsión que esta enfermedad ha supuesto también para el sector venatorio. De hecho, se ha registrado una disminución generalizada del número de ejemplares cazados, una caída de los ingresos económicos por la venta de opciones de caza y una mayor presión sobre otras especies cinegéticas. En este sentido, otra consecuencia funesta, aunque indirecta, de la RHD ha sido el incremento de translocaciones y introducciones con ejemplares de perdiz roja (Alectoris rufa), hibridados con razas domésticas, como base de la gestión cinegética de esta especie.

Jóvenes e indemnes

Es evidente que el virus causante de la RHD, al igual que ocurrió con otras enfermedades del conejo y de distintas especies silvestres, ha venido para quedarse. Poco pudo hacerse para reducir la incidencia de esta enfermedad y nada en absoluto para erradicarla. Sólo su evolución a lo largo de mucho tiempo podrá saldarse con una disminución generalizada del impacto que genera.

Pero, cada vez con mayor frecuencia, viene observándose que hay poblaciones aquejadas por la enfermedad que consiguen alcanzar densidades elevadas y en las que aparentemente el impacto de la RHD es relativamente bajo. Al margen de otras hipótesis, el mecanismo que se considera responsable de este fenómeno es la reducción de la edad media a la que los conejos son infectados de forma natural por el virus. Conviene recordar que la infección, aun siendo letal para los conejos adultos y subadultos, prácticamente cursa sin mortalidad en los ejemplares de edad inferior a las 8-12 semanas de vida. Una mayor carga vírica en el medio, a través de cadáveres ocultos en las madrigueras, individuos portadores y eliminadores ocasionales del virus, unida a una densidad relativamente elevada de conejos, hace que el virus circule rápidamente y casi de forma continua entre la población. De esta forma, los conejos más jóvenes son rápidamente infectados, se inmunizan y contribuyen a diseminar el contagio. Es un proceso que se retroalimenta, de manera que las poblaciones densas persisten en el tiempo sin que la enfermedad cause graves daños.

Pero no es nada fácil que una población de conejos alcance esta situación ideal. En primer lugar, debe contar con un hábitat que reúna las características necesarias para que la población crezca hasta un determinado umbral; algo que, con un hábitat inadecuado, nunca ocurrirá. En segundo lugar, aun contando con un hábitat idóneo, antes de alcanzar ese umbral mínimo la mayoría de las poblaciones deben pasar antes por ciclos de máxima y mínima incidencia de la RHD, ciclos necesarios para que la población pueda crecer en el futuro en presencia de la enfermedad. Sin embargo, a menudo las poblaciones no llegan a ese umbral mínimo de densidad, sobre todo debido a factores como la depredación, la caza, la presión de otras enfermedades y las pérdidas temporales en la calidad del hábitat. Todo esto hace que muchas poblaciones de conejo simplemente sigan inmersas en un ciclo constante de altibajos, muy asociados a la incidencia de la RHD.

Autor

Carlos Calvete Margolles es doctor en Veterinaria por la universidad de Zaragoza. Ha trabajado durante muchos años como gestor e investigador independiente, sin ninguna adscripción oficial a centros de investigación. Ya estuvo como investigador contratado en el CSIC y actualmente es investigador de plantilla en el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria (CITA) de Aragón. Desde 1990 desarrolla una línea de investigación especialmente dedicada a la gestión y recuperación del conejo silvestre en la que ha estudiado temas tan diversos como la eficacia de las translocaciones y de las campañas de vacunación contra mixomatosis y RHD, el impacto de la caza y la depredación, la mejora del hábitat y, por supuesto, la epidemiología de la RHD. Los estudios realizados en esta última línea son los que han dado pie al trabajo presentado en este artículo.

Agradecimientos
Nada de lo anterior habría sido posible sin el apoyo financiero del departamento de I+D de Tragsatec y su gerencia para el control de enfermedades, dentro del convenio de colaboración establecido con el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria (CITA) de Aragón. Y lo mismo puede decirse de la colaboración y el buen hacer de los técnicos y el personal de apoyo de Tragsatec y el propio CITA.

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